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Recordamos a Carmen Movilla

El viernes 2 de febrero Carmen Movilla, religiosa de la Asunción falleció y el lunes 19 quisimos tenerla especialmente presente en una oración donde la recordamos con cariño.

Compartimos con todos el texto que se leyó donde podemos ver una vida entregada. Damos gracias a Dios por haber compartido con ella una parte de su vida. D.E.P.

Carmen llegó a una de las casas de la Asunción queriendo ser voluntaria en Centroamérica y, en contacto con las hermanas, descubrió una vocación mayor llegando a ser religiosa de la Asunción.

Se formó en España durante dos años y su primer país de misión fue Guatemala, donde hizo sus votos perpetuos. Los años más intensos de su vida fueron los que vivió en El Salvador. Fueron años duros por la persecución a los cristianos. Allí colaboró mucho con Monseñor Romero y vivió con dolor su muerte. Compartió el sufrimiento y éxodo de muchos salvadoreños viviendo junto a ellos en los refugios. Pero también compartió con ellos sus esperanzas, alegrías y sobre todo su fe profunda.  Estas experiencias vividas en unión al pueblo sufriente, marcaron para siempre su vida.

 

Con pena dejó  El Salvador, que tan arraigado llevaba en su corazón,  para ir a Ecuador. A pesar de la tristeza que le supuso esta despedida, en su nuevo país de misión, se entregó a las familias y a las comunidades cristianas.

Tuvo que dejar su querida Centroamérica para cuidar de sus padres, y, particularmente a su madre que quedó sola y a la que ha dedicado todo su tiempo, durante muchos años, con gran cariño y dedicación primero en su casa, y luego en una residencia. Durante estos años, casi no pudo pensar en sí misma, pues su madre anciana, necesitaba toda su atención. Al poco de morir su madre se dio cuenta que ella tampoco estaba bien, y desde el primer momento estaba convencida de que moriría en poco tiempo tal y como había muerto su hermano.

Pero también en este tiempo, ha podido disfrutar del cariño de su cuñada y sus sobrinos (se le iluminaba la cara cuando hablaba de ellos).

Ha sido feliz en Vallecas, muy entregada al barrio y a los niños y niñas en el colegio. Todos recordamos a Carmen en la guardería y en el comedor y dispuesta a visitar a todos los enfermos. Y aunque la recordamos posiblemente alguna regañina, no tenemos que olvidar la gran sonrisa que la caracterizaba. Además, se preocupaba de tener la capilla bonita y acogedora.

A nuestra comunidad nos hubiera gustado tenerla más tiempo  en el colegio, pero sabemos que los caminos de Dios no siempre son los nuestros. Queremos decir, como ella había recogido como lema para su vida religiosa,  "Aquí me tienes Señor, sea siempre tu voluntad". Y sólo nos queda dar gracias por este tiempo que hemos podido disfrutar de Carmen y por haber podido compartir parte de su vida con todos nosotros.  

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